Victoria: Amor en vez de rencor

La tarde del sábado presentaba un precioso clima primaveral en Buenos Aires. Los rayos del sol me invitaban a salir para sentir su abrazo templado. Me dejé seducir por el astro rey y luego de caminar unas cuadras me acerqué al hospital Tornú para ver si podía darle una palabra de ánimo a alguien, orar por quien lo necesite y regalar algún libro que fortalezca la esperanza.
Transité las arboladas calles internas del hospital y luego de dialogar con un hombre en situación de calle me acerqué al pabellón de internación. Le obsequié libros a unos familiares de pacientes y me vi una señora que me parecía conocida. Al mirarla me sonrió porque efectivamente ya nos habíamos encontrado dos semanas atrás en ese mismo lugar.
Ella es Victoria. Seguía cuidando a su mamá que sufrió un ACV hace casi 4 meses. Tanto la otra vez como ahora, Victoria irradiaba una alegría que casi desentonaba en el lugar. Habla con entusiasmo. Sonríe. Es pura energía.
Le pregunté como estaba su mamá y me dijo que con algunos pequeños progresos pero que los médicos dicen que no recuperará su movilidad. De todos modos Victoria disfruta de cada mínimo movimiento, gesto o acción que hace su madre. Y está con ella todos los días entre las 10 de la mañana y las 19hs. Le habla, le da besos, la abraza, la atiende, la acomoda, se brinda por entero. Hasta dejó su casa donde vivía para estar este tiempo en la de su hermano, cerca del hospital para cuidar a su mamá. Sus clientes que atiende a domicilio como peluquera la esperan para cuando regrese a trabajar.
Escuché con atención lo que me contaba de cómo cuidaba a su madre cada día y le dije algo casi dando por sentado que era así: “Usted se brinda de esta forma en gratitud por todo lo que su mamá le dió a lo largo de la vida, ¿verdad? Su respuesta me impactó.
Sin perder su amable sonrisa me dijo, “en realidad no le estoy devolviendo lo que ella me dió. Sino que doy lo que no recibí”. Abrí más mis oídos y me acerqué un paso para escuchar lo que venía porque no sería algo más.
En confianza abrió su corazón. “Mi mamá me abandonó cuando yo tenía sólo 5 años y vivíamos en Formosa. Me criaron mis abuelos. La veía muy cada tanto. Y ella le decía a todos que yo era una sobrina. A mis 24 años cuando me casé la ví por última vez y recién hace 5 meses nos reencontrarnos. Justo unos días antes que tenga el ACV”. El reencuentro fue toda una experiencia ya que Victoria sentía miedo de su mamá y no se animaba a ir a verla. Entonces unos familiares la “engañaron” invitándola a ir de paseo a un lugar y la llevaron a la casa de su madre.
Antes que ella sufra el grave problema de salud que la aqueja, pudieron hablar y su madre le pidió perdón por todo. Vicky lo aceptó de corazón.
Parece de película. Porque esa no suele ser la actitud habitual de las personas. Dar un perdón así a quien le ha causado tanto sufrimiento. Pero Vicky dice “Yo la amo. Ella me llevó en su panza 9 meses. Es mi mamá”. Lo dice con palabras emocionadas y sobre todo con acciones.
Finalizando nuestra charla me invitó a pasar a la habitación para conocer a su mamá. Aunque estaba dormida le ofrecí elevar una oración a Dios por su salud y aceptó con gusto. Vicky es una mujer de fe. Terminada la plegaria vino la despedida. Le dió varios besos a su mamá. Acomodó con cuidado las almohadas. Le ubicó con delicadeza los brazos. Avisó a las enfermeras de algo que observó. Volvió a besar a su mamá y nos retiramos.
En cada palabra, cada sonrisa, cada cuidado, cada beso; Victoria muestra que ella eligió que actitud tener con su mamá. Y escogió el amor. Ese amor que no recibió pero que prefirió brindar. Y lo muestra con esa sonrisa que ilumina las tristezas y preocupaciones del hospital. Feliz en medio del drama, porque finalmente puede compartir su vida con su mamá y disfrutar, por ejemplo, hace pocos días, del primer día de la madre junto a ella.
Algunos sugieren que Victoria está loca por ser así. Otros dicen que no debería brindarse a su madre porque no recibió nada de ella. Vicky se lleva las dos manos a la parte izquierda del pecho y sólo dice que todo le sale del corazón. Un corazón que eligió el amor en vez del rencor.

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