EN LA MARCHA DEL ORGULLO LGBTIQ

Es sábado 17 de Noviembre de 2018. Llovió por la mañana y está algo fresco. El sol lucha tenazmente con las nubes para estirar sus rayos. El viento lo ayuda y de a poco el astro rey va logrando su objetivo poniéndole más color a la jornada.
Nunca había imaginado ir a la Marcha del Orgullo LGBTIQ pero allí estoy. No me identifico con las iniciales que resumen las elecciones sexuales de los participantes. Pero me doy cuenta que soy como todos ellos. Ni más ni menos. Ni mejor ni peor. Soy un ser humano y eso basta para sentirme un igual. Por debajo de la ropa que elegimos para vestirnos, los roles que desarrollamos para sentirnos realizados y tantos elementos superficiales de los que nos apropiamos, somos personas. Y nada más.

Plaza de Mayo

Estoy en ese evento porque deseo obsequiar muchos ejemplares de un libro que trata sobre el manejo de diferentes problemáticas de la salud emocional tales como la depresión, la ansiedad, el estrés, etc. Me hizo muy bien a mí y conseguí varios para compartir. Dos semanas atrás sentí en mi corazón que tenía que ir a ese evento y ahí estoy. Felizmente dos amigos se sumaron a la idea y vamos juntos.

Con Gisela y Ariel en la marcha

Doy los primeros pasos en la Plaza de Mayo, con cierta cautela. Observo a mi alrededor. En el escenario suena la música en vivo. Los vendedores ambulantes ofrecen merchandising multicolor. Los jóvenes se maquillan con diversos motivos, en el rostro y en el cuerpo. Hay personas disfrazadas que llaman la atención. Me acerco a un grupo que fuma marihuana y me pongo a conversar. Dos de las chicas se dan un beso apasionado al lado mío. Todos aceptan los libros de regalo. Por allá hay una pareja de hombres sentados en la vereda. Me agacho para hablares y también reciben el obsequio. Por ahí hay un travesti disfrazado con un vestido estridente y un decorado en su cabeza. Junto a su compañero aceptan con gusto el libro. Un muchacho vestido de novia camina por Diagonal Norte. Con gratitud se lleva su ejemplar de lectura. Así distribuyo decenas y decenas de libros sin tener ningún problema con nadie. Todo lo contrario, con cada uno dialogamos, sonreimos, nos miramos, y hasta nos abrazamos. Somos personas.

El libro “El poder de la esperanza”

Unos pocos de quienes reciben el libro me preguntan si tiene algo que ver con Dios. Les explico que la salud emocional se relaciona con la fisica y con la espiritual, por lo cual el libro habla de eso. Los animo a buscar en ese material lo que les pueda ser útil. Entonces el aparente prejuicio se diluye, aceptan el obsequio y dicen que lo leerán.

Personas de todas las edades recibieron el regalo

Sigo caminando y me pregunto porque habrá ese preconcepto de muchas personas en relación con Dios. ¿Será responsabilidad de las religiones? En eso observo que la catedral de Buenos Aires está cerrada, vallada y custodiada por la policía. El mudo edificio parece gritar: ¡ESTE LUGAR NO ES PARA USTEDES. MANTÉNGANSE LEJOS! Pero recuerdo al Carpintero de Galilea. Él no se distanciaba de nadie. Toda persona era valiosa a sus ojos. Su preocupación era cómo poder aportarle algo al prójimo. No temía que algunos “santulones” de la época lo tildaran de “amigo de pecadores”. Si bien no aprobaba ciertas conductas, se relacionaba profundamente con todos. Me gusta pensar en Jesús. Él no hubiera cerrado la puerta ni generado distancia con nadie. Hacía lo que fuera necesario con tal de bendecir y darle una vida mejor al otro, porque amaba a todos por igual.

La catedral

Junto a dos amigos regalamos más de 350 libros durante casi tres horas. Nos sentimos tratados muy bien. Estamos satisfechos con la tarea realizada. Soñamos que así como ese libro nos hizo bien a nosotros, también pueda ayudar a otros. Sobre todo agradecemos a Dios porque esa tarde comprendimos mejor que desde el respeto podemos enriquecernos unos a otros. Desde la valoración logramos aportar en vez de demandar. Y desde el amar pudimos acercar en vez de distanciar.

El libro se puede descargar gratis de https://libro.esperanzaweb.com

Lic. Santiago López Blasco

Un joven que quiso pagar por los libros

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